¡Las verduras feas son mejores!

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Comida orgánica

Desde su aparición en 1959, la muñeca Barbie no solo se hizo famosa, sino que definió lo que llaman un “estándar poco realista de la belleza femenina”.

Tal vez… pero muestra algo que tenemos todos los humanos: los estímulos supernormales (¿a poco no apantalla el nombrecito?).

Además de las mujeres con anatomía generosa, existen otros que atraen a todo mundo: los dulces.

Como antes no había azúcar, el humano se atiborraba de cualquier cosa con dulce porque no había tiendas donde comprar paletas.

Ahora que hay dulces, paletas y nieve por todos lados, no podemos dejar de comerlos, aunque nos hagan mal.

Eso es un estímulo supernormal. Es natural, lo traemos pegado y, si no nos cuidamos, nos arrastra.

Y, así como pasa con las muñecas y las comidas engordadoras y ricas, también esto se aplica a los vegetales.

¿Te has fijado que en las tiendas no abundan las frutas y verduras “feas”?

frutasbonitasLas lechugas están bien redonditas, los pepinos parecen brillar y las naranjas están todas igualitas.

Esto es porque, antes de ponerlas para que las veas, pasan por un proceso de selección que empieza desde los granjeros.

Desde hace tiempo se critica la gran cantidad de comida que se desperdicia en aras de la belleza.

Papas, pepinos, chiles y tomates en perfecto estado se descartan porque están feos, irregulares o no tienen el mejor color.

Changos… y luego por qué está todo tan caro.

Lo triste es que, para llegar a este estándar de belleza, hay que utilizar fórmulas fertilizantes cada vez más raras y aditivos que terminan dando bonita forma, pero afectan el sabor de una manera impresionante.

Muchos chefs de restaurantes groumet van y compran sus frutas y verduras a los mercados para no servir a sus clientes tomates que saben a agua y chiles que no pican.

Sin embargo, nos sigue estimulando (malamente) la forma y color de la comida “bonita”.

Para la comida orgánica, hay que cambiar la perspectiva

En un cultivo orgánico, las cosas son distintas

Cuando todo pasa naturalmente, las frutas y verduras toman la forma que se supone que deben tomar, junto con su color y sabor.

Hemos cosechado tomates, chiles, papas, zanahorias, maíz (tres elotes, pero maíz como quiera) y un montón de cosas más.

Ninguno ganaría un concurso de belleza pero el sabor está mucho más concentrado, especialmente cuando están crudos.

Así que si tu huerto no te da tomates rojos y redonditos como los de las fotos, no te estreses.

Más que tratar de alcanzar estándares de belleza, mejor hay que concentrarnos en el sabor.

Un fertilizante natural no te dará las mismas cosas que te dan sus primos químicos, pero se trata de acercarnos un poco más a lo que se supone que debería ser.

A fin de cuentas, para eso sembramos nuestros propios huertos.

Además, si no han podido llegarle a la Barbie en más de 50 años, no vale la pena intentar alcanzar naturalmente la belleza artificial.

 

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Acerca del autor

Soy ingeniero en sistemas computacionales, entusiasta de la naturaleza, el aire libre y llevo más de 10 años haciendo lombricultura casera.